sábado, 8 de agosto de 2015

Habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace misericordia. ¡La misericordia se gloría triunfante sobre el juicio!

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BOSQUEJOS EXPOSITIVOS
SANTIAGO 2:1-13

1 Hermanos míos, tened la fe de nuestro glorioso Señor Jesucristo, sin hacer distinción de      personas. 
    2 Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y ropa lujosa, y            también entra un pobre con vestido sucio, 
       3 y sólo atendéis con respeto al que lleva ropa lujosa y le decís: "Siéntate tú aquí en                buen lugar"; y al pobre le decís: "Quédate allí de pie" o "Siéntate aquí  a mis pies",  
           4 ¿no hacéis distinción entre vosotros, y no venís a ser jueces con malos criterios? 
             5 Amados hermanos míos, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo,                    ricos  en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? 
                 6 Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son                          ellos los que os arrastran a los tribunales? 
                     7 ¿No blasfeman ellos el buen nombre que ha sido invocado sobre vosotros? 
                        8 Si de veras cumplís la ley real conforme a las Escrituras: Amarás a tu                                     prójimo como a ti mismo,  hacéis bien. 
                            9 Pero si hacéis distinción de personas, cometéis pecado y sois                                                reprobados por la ley como transgresores. 
                              10 Porque cualquiera que guarda toda la ley pero ofende en un solo                                            punto se ha hecho culpable de todo. 
                                  11 Porque el que dijo: No cometas adulterio, también dijo: No cometas                                       homicidio.  Y si no cometes adulterio, pero cometes homicidio, te                                            has hecho transgresor de la ley. 
                                      12 Así hablad y así actuad, como quienes están a punto de ser                                                    por la ley de la libertad. 
                                           13 Porque habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace                                                 misericordia. ¡La misericordia se gloría triunfante sobre el                                                        juicio! 

Normas Cristianas de Valor



En esta sección Santiago vuelve a un tratamiento más completo de su preocupación, expresada en 1:9–11, por una adecuada actitud cristiana hacia la riqueza. Su advertencia está claramente en línea con el énfasis del propio Jesús en que no podemos servir al mismo tiempo a Dios y al dinero (cf. Mt. 6:24). La advertencia de Santiago es apoyada también por Pablo: “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Ti. 6:10). El problema es tan viejo como el hombre, pero la admonición de Santiago es tan pertinente hoy en día como los consejos de los médicos de someterse a exámenes físicos regulares para detectar a tiempo los síntomas de cáncer.

  A.      UNA FALSA MEDIDA DE LOS HOMBRES, 2:1–4

La preocupación específica de Santiago es que una congregación cristiana no trate de cortejar el favor de los ricos por causa de sus riquezas. ¿Están estas palabras dirigidas hoy directamente a una iglesia de clase media? ¿Están dirigidas a una congregación nueva que se esfuerza por establecerse en la comunidad? ¿Nos hablan a nosotros cuando tratamos de atraer a personas que pueden pagar el presupuesto? Todas éstas son metas válidas ¡pero la Biblia nos exhorta a cuidarnos! Santiago nos amonesta a no mostrar parcialidad hacia las personas de ingresos elevados cuando vienen, ni darles un trato preferencial en nuestros esfuerzos por ganarlas. Cuando lo hacemos no somos como Jesús.

    1.      El mandamiento (2:1)

El verso 1 debiera leerse como un mandamiento en línea con la naturaleza imperativa de la epístola. Pero Santiago empieza su amonestación donde debe empezar toda amonestación efectiva—identificándose con aquellos a quienes reprueba. Escribe hermanos míos (1) y hermanos míos amados (5). Como sabio dirigente eclesiástico, Santiago pide a sus lectores que juzguen sus conductas a la luz de su suprema fidelidad cristiana—vuestra fe en nuestro… Señor Jesucristo. Estaba escribiendo a hombres y mujeres cristianos. Ellos estaban bien conscientes del significado de la fe cristiana—la religión que Cristo había traído al mundo. Acepción de personas significa parcialidad; la exhortación es: “No mostréis prejuicios ni parcialidad” (Amp. N.T.). Phillips presenta la exhortación gráficamente: “Nunca intentéis, hermanos míos, combinar el esnobismo con la fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo.”


    2.      La ilustración (2:2–4)

Hoy en día estos versículos constituyen una pauta de ética para los ujieres de la iglesia. Pero en la iglesia del siglo I probablemente estuvieran dirigidos, no a un ujier, sino a cualquier miembro de la congregación que tuviera un asiento escogido para el servicio. Tal vez Santiago había observado esta clase de trato preferencial en la iglesia de Jerusalén o en alguna congregación vecina que había visitado. La congregación (2; gr., sinagoga, VM.) sería el lugar en que los cristianos—probablemente un grupo mixto de judíos convertidos y gentiles—se reunían para el culto. Es el mismo término empleado para las sinagogas judías. Era ésta una palabra y una forma de culto que la iglesia primitiva tomó directamente de sus antepasados hebreos. Debe notarse, sin embargo, que este es el único lugar en el Nuevo Testamento en que se llama “sinagoga” a una congregación cristiana.

Podemos suponer que el hombre con anillo de oro y el pobre, serían visitantes, no miembros regulares. Hay diferencia de opinión acerca de si eran visitantes cristianos o no cristianos. Esto, sin embargo, no cambia la verdad espiritual del pasaje. La actitud mostrada era equivocada en ambos casos. Y si el hombre bien vestido era una persona de la clase descrita en 6–7, aunque fuera miembro, su profesión religiosa había hecho poco para transformar su vida. 

La acción anticristiana era juzgar inmediatamente el valor del hombre por la apariencia de su atuendo. El anillo de oro indicaría un hombre de rango senatorial o un noble romano. Durante los primeros años del imperio solamente esta clase de hombres tenían derecho de usar un anillo así. Ropa espléndida significa una toga blanca, como la que usaban a menudo los candidatos a funciones públicas. “Acepción” (3, VM.) debe entenderse en el sentido de prestar especial atención al hombre de apariencia próspera. En la sinagoga por lo general había sillas u otra clase de asientos para los ancianos y los escribas. En esos asientos se ofrecía un lugar de honor a una persona de rango. Las de menor rango permanecían de pie o se sentaban en el suelo. Bajo mi estrado puede leerse “a mis pies” (RSV).

¿No hacéis distinciones (“sois parciales”, VM.) entre vosotros mismos? (4) tiene dos interpretaciones posibles. Algunos piensan que significa hacer distinciones entre los miembros, dividiendo así la iglesia. The Amplified New Testament traduce así: “discriminando entre los vuestros.” Otros interpretan la frase simplemente como un pensamiento paralelo a la segunda mitad del versículo. La NEB traduce todo el versículo: “¿No veis que sois inconsecuentes y juzgáis con normas falsas?” Jueces con malos pensamientos, es decir, que piensan con motivos erróneos. Aquí había jueces que estaban empleando normas erróneas de medición. ¿Cuáles eran los malos pensamientos de estos cristianos equivocados? (1) Que las ropas finas son señales de hombres buenos, y las ropas raídas de un carácter malo. (2) Que el valor de las personas se puede medir por su riqueza. (3) Que la situación financiera debe influir en la aceptación en la iglesia. (4) Que los “sistemas de castas” sociales y económicas son aceptos a Cristo y apropiados para su iglesia.


  B.      UNA VERDADERA MEDIDA DE LOS HOMBRES, 2:5–7

Santiago escribe usando estilos muy diversos. A menudo escribe breves sentencias que nos recuerdan a los proverbios. Pero aquí es tan cuidadoso como Pablo en desarrollar la secuencia de su argumento.


    1.      Dios elige a los pobres (2:5–6a)

Oíd (5) significa: “Un momento, prestad atención.” Es comparable al uso que hace Jesús de “de cierto, de cierto os digo” (cf. Jn. 3:5). Aquí Santiago reprueba a sus hermanos, pero es la reprobación del amor a los hermanos míos amados. El es sensible al maltrato de los pobres y a las acciones a menudo endurecidas e inhumanas de los ricos (cf. 5:1–6). Pero no defiende a los pobres por su pobreza ni ataca a los ricos porque son ricos. Tanto su defensa como su ataque se basan en otros hechos; hechos que admite como generalmente ciertos de las respectivas clases.

El argumento de Santiago es habéis afrentado (6) a aquellos que ha elegido Dios (5). “No es que Dios haya limitado su elección a los pobres, sino que, como lo muestra la historia, ellos han sido su primera elección (véase Lc. 1:521 Co. 1:26).” Y la elección de Dios no ha sido arbitraria. Es simplemente un hecho que los pobres y los oprimidos se muestran más obedientes al evangelio que los ricos que dependen del poder de su dinero. En todo caso, Santiago aclara que los pobres, a los que se refiere, son ricos en fe y herederos del reino que ha prometido (Dios) a los que le aman.


    2.      La pobre elección humana de los ricos (2:6b–7)

Para el cristiano simplemente no tiene sentido favorecer a los ricos y desairar a los pobres. Juan Calvino comentaba que es ridículo honrar a nuestros verdugos y mientras tanto injuriar a los amigos. Probablemente Santiago se estuviera refiriendo a judíos ricos. En su Palestina natal, había visto a los ricos fariseos oprimir a la iglesia (Hch. 4:1–4); y tal vez estaba familiarizado con las experiencias de Pablo en las ciudades gentiles (Hch. 13:5016:19).
Tres cargos específicos se presentan contra los ricos cuyo favor busca la iglesia. Opresión y comparecer ante los tribunales son los dos primeros; el tercero es blasfemia. En todos ellos Santiago apela al conocimiento del propio lector y a su sentido de lo conveniente. “¿Acaso los ricos no os oprimen, y ellos mismos os arrastran ante los tribunales? ¿No blasfeman ellos aquel nombre honorable del cual vosotros sois llamados?” (VM.) “Del cual vosotros sois llamados” (7) es literalmente que fue invocado sobre vosotros. La referencia señala a la experiencia del bautismo en el cual el buen nombre, es decir, el nombre de Cristo, era invocado sobre ellos. El uso que el escritor hace de el… nombre en lugar de Dios o Cristo parece reflejar su educación judía en la cual siempre había un respeto tan grande por Dios que vacilaban en pronunciar el nombre de la Deidad.


  C.      LA NORMA QUE SIEMPRE ES JUSTA, 2:8–13

    1.      La ley real (2:8)

En este párrafo (8–13) Santiago nos lleva de vuelta, como siempre debemos hacerlo cuando evaluamos el carácter de nuestra conducta, a una norma básica para el cristiano—Amarás a tu prójimo como a ti mismo (8). Siempre haremos bien si hacemos lo que quisiéramos que los otros nos hicieran a nosotros si las condiciones fueran a la inversa.
Esta ley para la guía de la conducta cristiana es conforme a la Escritura. Se la cita del Antiguo Testamento (Lv. 19:18) y fue reafirmada en las enseñanzas de Jesús (Mt. 22:39). Es la ley real porque es la palabra de nuestro Señor; es la ley real porque cuando es observada en acciones, en verdad no podemos quebrantar ninguna de las leyes de Dios que gobiernan nuestras relaciones con nuestro prójimo. Guardar esta ley es guardarlas todas.


    2.      La parcialidad es pecado (2:9–11)

El autor va avanzando hacia la conclusión de su argumento: Si los cristianos observan la ley del amor agradarán a Dios, pero cuando muestran parcialidad cometen un pecado. En 9–11 anticipa una posible objeción. “¿Por qué dar tanta importancia a esta cuestión de la acepción de personas? Es sólo una ofensa que ciertamente no ha de tomarse demasiado en serio.” Santiago refuta esta objeción señalando que quebrantar cualquier parte de la ley es quebrantar toda la ley.

a. Todo pecado quebranta la ley de Dios (2:10). ¿Qué quiere decir Santiago cuando afirma que cualquiera… que ofendiere en un punto (de la ley), se hace culpable de todos? (10). Ciertamente no quiere decir que quebrantar un mandamiento acarrea consecuencias tan malas como quebrantar los diez. Ni que las consecuencias de una falta menor son serias como los resultados de un pecado flagrante. 

Algunos de los estoicos más extremos afirmaban que el robo de un centavo eran tan malo como matar a nuestros padres. Pero Santiago era un cristiano, no un estoico. Jesús enseñó que debemos amar a Dios con todo el corazón. Todo pecado es evidencia de que mi amor a Dios no es completo. Todo pecado, pues, es tan malo como cualquier otro en el sentido de que quebranta mi comunión con Dios. Si ese pecado no es perdonado y esa comunión no es restablecida, uno ha roto su unión vital con Dios. 

En este sentido uno se hace culpable de todos: el guardar todos los otros mandamientos no tiene valor para satisfacer a Dios mientras rechazo su voluntad para mi vida en un solo punto. En este sentido un hombre es “culpable de todos en que quebranta toda la ley, aunque no el todo de la ley, porque ofende contra el amor, que es el cumplimiento de la ley.” Uno no puede cometer el pecado de menospreciar voluntariamente la personalidad humana y ser agradable a Dios más de lo que puede violar cualquier otro mandamiento y retener el favor de Dios.

b. La parcialidad es seria (2:11). En el verso 9 Santiago ha dicho que si hacemos acepción de personas somos convictos por la ley como transgresores. Ahora trata de mostrar la gravedad de esta transgresión. El mismo Dios que dijo: “No cometerás adulterio”, ordenó: “No matarás”—y esta clase de destrucción de la personalidad es homicidio. Santiago refleja aquí la extensión de Jesús del mandamiento contra el homicidio (cf. Mt. 5:21–22). Airarse contra un semejante es devastador; despreciar a una persona es, a los ojos de Dios, una forma de homicidio. Los hombres pueden ser destruidos por una actitud maligna tan efectivamente como por un ataque físico.


    3.      Vivir a la luz del juicio de Dios (2:12–13)

No podemos agradar a Dios en esta vida si nuestra conducta viola la regla de oro. Cuando comparezcamos en el Día del Juicio la misma regla estará en vigor. Por lo tanto Santiago exhorta: Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad (12).

El cristiano no está bajo la ley de Moisés. Desde que vino Cristo estamos bajo la ley de la libertad (12). Somos libres de los pequeños detalles de la ley antigua, pero seremos juzgados por la ley de Cristo—“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente… Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt. 22:3739). Esto es a la vez más severo y más benigno que la ley mosaica. “Será un juicio más profundo que el del hombre, porque no se detendrá en preceptos particulares ni aun en la acción exterior, cualquiera que fuere, sino que penetrará el temperamento y el motivo. Por otro lado, elimina todo cuestionamiento acerca del cumplimiento exacto de cada precepto separado. Si ha habido en uno el verdadero espíritu de amor a Dios y amor al hombre, éste es aceptado como el real cumplimiento de la ley.”

Se señala claramente el aspecto severo del juicio del Nuevo Testamento: Juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia (13). Esta es la posición de Jesús en Mateo 6:15: “Si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.” Pero aun así, Dios es un Dios de misericordia, y la misericordia triunfa sobre el juicio.

A la luz de estas verdades uno sólo puede orar: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad” (Sal. 139:23–24). No permitas que peque al ser parcial hacia el rico o menospreciar al pobre, aun bajo nombres más elegantes. Enséñame a juzgar mi conducta a la luz de tu Palabra. No dejes que sea guiado por mis propios temores o por los prejuicios del día en que vivo. Guíame por la senda en la que debo andar; entonces me presentaré ante ti sin temor. En el nombre de Jesús. Amén.

Bosquejo homilético
La igualdad a los ojos de Dios es para todos
2:1–13
Introducción: 
Una de las características de Dios en su soberanía, es que él mira con misericordia a todos los seres humanos por igual y en él no hay variación ni mudanza de su amor.

  I.      La fe del Señor es sin distinción, 2:1–4.
    1.      El Señor ama a todos por igual (v. 1).
    2.      El Señor exige a la congregación igualdad (vv. 2–4).
      (1)      Tanto con el pobre, como con el rico.
      (2)      Tanto con el débil, como con el fuerte.

  II.      La elección del Señor es sin distinción, 2:5–11.
    1.      A los pobres de este mundo (vv. 5–7).
      (1)      A quienes hace ricos en fe.
      (2)      A quienes hace herederos del reino.
    2.      A los que aman al prójimo como a sí mismos (vv. 8–11).
      (1)      Que no hacen distinción de personas (v. 9).
      (2)      Que no cometen adulterio ni homicidio (v. 11).

  III.      La misericordia del Señor es sin distinción, 2:12, 13.
    1.      Para los que hablan y actúan (v. 12).
    2.      Para los que practican la misericordia (v. 13).

Conclusión: 
El Señor tomará cuentas no solamente a los individuos como tales, sino que también a su iglesia le exigirá responsabilidad como lo plantea el apóstol Santiago.




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